Leyendas del Pueblo
Parácuaro es un lugar rico en leyendas y relatos, Los cuales son transmitidos de generación en generación, todos llenos de historia y fantasía, que bien pueden relatar la verdad, anhelos, ó simplemente fueron creadas para entretener.
Hemos recopilado algunas de estas leyendas y relatos.
El tesoro del cerro de la cofradía
El famoso cerro de la cofradía también llamado cerro de la cruz o cerro de la Guadalupe, es un lugar lleno de misterios, enigmas sin resolver, y claro, numerosas leyendas, principalmente sobre tesoros escondidos. De esta tema existen 2 versiones, una muy ficticia y un poco más otra realista.
#1 Versión Realista
Entre 1900 y 1920, se dice que un grupo de bandidos asaltaba en Parácuaro, recordemos que por esos años era un Municipio Industrial donde se manejaba mucho dinero, el dinero que recolectaban, en monedas de oro y plata, lo escondían en la punta del cerro de la cofradía, en una cueva en la que entraban a gatas, dentro podían estar de pie, en la cueva además de dinero, habían víveres como fríjol, arroz, etc. al salir tapaban el hoyo con una piedra laja de aproximadamente un metro cuadrado, las monedas eran iluminadas por los rayos del sol que entraban por el techo natural de la cueva, esto lo contaba una viejecita que decía que cuando era joven, los bandidos la habían raptado y llevado al cerro, de ahí veía las luces de lo que hoy es Parácuaro, en una ocasión cuando los bandidos salieron a hacer sus fechorías, fueron emboscados y asesinados, la chica raptada bajó a Parácuaro y pidió trabajo en la casa de una familia Castillo, la cual se dice que lo sacó y ponía a sus empleados a asolear el dinero y enterrarlo nuevamente el botes alcoholeros, en ese tiempo enterrar el dinero era la única manera de protegerlo.
Han pasado ya muchos años, y la polémica acerca de la existencia y permanencia del tesoro, sigue en la boca de muchos, se han dado exploraciones sin aparante éxito, o quien sabe, tal vez ya se haya encontrado.
#2 Versión Fictisia
Como en toda leyenda, hay una versión ficticia, irreal, principalmente por la exageración de los que la cuentan, o por la creencia en la magia que había, algunas personas han contado que les ha sucedido lo que les relataré, el parecido entre las versiones puede sugerir algo de realidad, o simplemente le siguen el cuento al otro, pues bien, un sujeto del cual no daré su nombre (muchos otros dicen haber vivido lo mismo), cuenta que en sus tiempos de juventud, un poco mas abajo de la actual colonia Rafael Bejar, llevó a su burro con leña a beber agua, en esos tiempos no había luz eléctrica en esa colonia, lo que originó muchas leyendas de espantos, que relataré después, volviendo, al llegar al manantial vio a una linda chica, y como todo buen hombre le empezó a gritar piropos, la chica volteó y el sujeto le vio como una cara de caballo, se asustó un poco, pero después se dio cuenta de que era una alucinación, o quizás no, la chica le dijo que estaba muerta y que quería descansar en paz, le pidió ayuda, le dijo que la llevara a la iglesia en la espalda y a cambio le daría el tesoro del cerro de la cofradía, el accedió, pero la chica le dijo que por ningún motivo mirara hacia atrás, el sujeto se la subió a la espalda y se la llevó, al llegar al pueblo, ya cerca de la iglesia, la gente se empezaba a ver asustada y le gritaban al sujeto, ¡Mira lo que traes atrás!, ¡Fíjate por Dios!, El sujeto no puedo aguantar la curiosidad y volteó, al hacerlo la chica se convirtió en una serpiente y el asustado la soltó, posteriormente la serpiente desapareció, otras personas más dicen haber vivido lo mismo, pero no podemos asegurar nada.
La Guadalupe y su leyenda
(Escrita por Gonzalo Zamora, colaborador y amigo)
Ubicada en la entrada de Parácuaro muy cerca del rancho Juangacuaro del Sr. Juan Gabriel se encuentra esta comunidad donde existió la Hacienda La Guadalupe de la que hoy queda, su nombre, sus ruinas y su leyenda.
Cuentan los que saben porque yo no sé, que en este lugar ocurrieron muchos asesinatos, sobre todo de peones que se negaban a trabajar en la Ex Hacienda de Los Bancos, en tiempos previos a la revolución Mexicana. Hoy en las obscuras ruinas de la Hacienda existen las viejas turbinas que movidas por el agua hacían funcionar el ingenio de arroz y dicen que en estas fosas con turbinas existe una escalera hacia el fondo de las mismas, dentro de las fosas hay pasadizos secretos donde muchos han entrado, pero pocos han salido, uno de ellos que salió para morir, contó lo siguiente y dejo para siempre esta leyenda:
" Llegamos temprano, para que la noche no nos alcanzara, me invitó mi Tío Beto, porque le habían dicho que en la Guadalupe había dinero que habían dejado enterrado los dueños de la Hacienda, yo se lo creí como siempre y fuimos... de saber no hubiera ido.
Una Señora de aspecto extraño nos había dicho cuando pasamos por la Calle de la Guadalupe, que no fuéramos, porque el lugar estaba encantado, yo le dije a Mi Tío, ¿ oíste lo que dijo? , mi Tío sonrío nervioso y me contesto – no le hagas caso, la mujer esta loca, era pariente de uno que dizque murió en la Hacienda - a mí eso me dio miedo y nunca le pregunté a mi Tío, como es que la Señora sabía a donde íbamos, sí no le habíamos comentado, en esas me quede pensando mientras seguíamos caminando hacía la vieja Hacienda, había algo extraño en el ambiente, los viejos y altos árboles nos miraban silenciosos, no había casi aves y cada vez mas cerca se obscurecía por lo frondoso del follaje.
A lo mejor yo estaba así por que una vez le pregunté al “ Pepín ” de Parácuaro conocido por su audacia y valentía que sí alguna vez había ido ahí, sus palabras aún las traigo fresquesitas, pero no hice caso, - mira vale, - me dijo, yo me he metido donde sea, a cuevas, a ríos subterráneos, he agarrado víboras con las manos, he comido alacranes y arañas, me he subido y me he bajado en cerros, barrancas, árboles y laderas, pero ahí yo no voy, mejor que digan que soy miedoso, yo ahí vale, no me meto, y sí piensas ir no vayas, de amigos yo te lo digo – diciendo eso se empino la botella de aguardiente que traía, porque a aparte de valiente era borracho, por eso me entró la duda, a lo mejor ni era cierto y mi Tío seguía insistiendo que lo acompañara y hay vengo de tarugo a seguirlo.
Continuamos caminando y nos encontramos el canal de agua que viene de Parácuaro y que va a las turbinas, mi Tío me dio la linterna y el morral porque quería tomar agua, ahí se empino y dio unos tragotes que hasta se me antojo y lo asegundé, total dicen que nadie se resiste a tomar agua de Parácuaro y menos cuando se tiene sed.
Después seguimos el sendero a la orilla del canal, miré el reloj y marcaba las 5 de la tarde, no creí que lleváramos tanto de caminar y menos que estuviera tan obscuro, mi Tío me empezó a platicar un montón de mentiras, de esas que siempre me platicaba, me volvió a platicar la historia del rancho de sus Papas, de las vacas y sus nombres, del toro “el gringo”, de los viajes cuando eran arrieros, de las novias y de que andubo con los cristeros, a lo mejor era cierto, pero nunca le creía, porque mi Tío ya era viejo y se le cruzaban los cables, hasta decía que su novia fue Lupita Alvires la del corrido; a que mi Tío, nunca se compuso, a parte de mentiroso siempre anduvo en busca de tesoros, una vez dijo que en una casa vieja de Parácuaro encontró dinero en una de las gruesas paredes de adobe, pero alguien lo escucho y le grito – Oye Beto me das mi parte, he, no te hagas – dicho eso el dinero se convirtió en carbón, dice mi Tío que por la envidia paso eso, lo que sí es cierto es que muchas veces junto con su viejo amigo que por cierto le decían “ Lucifer” iban al cerro cerca de Parácuarito y a la barranca de la “La manga” a buscar “Monos” piezas arqueológicas, vasijas, figuras, joyas, etc, y ahí sí me toco ver que las sacarán, buscaban en la pradera la “seña”, donde estuviera una piedra laja inclinada, le daban un puntapié y sí la piedra estaba firme, ahí comenzaban la excavación que duraba horas, después daban con el “muertito” y sacaban los huesos que olían a tierra fresca y se desintegraban al contacto con el aire; Regresaban a Parácuaro cargados de esas piezas y se las vendían a un Doctor muy famoso del lugar, a veces cuando mi Madre me llevaba a consulta con ese Doctor admiraba esas piezas, me daba coraje, yo siempre le decía a mi Tío que no las vendiera, pero no entendía; el poco dinero que les pagaban por las piezas se los gastaban en la borrachera, así es mi Tio Beto hoy por eso nuevamente aquí estamos en esta penumbra buscando otro tesoro, que sí lo encuentra y se lo vende al Doctor ahora si le voy a reclamar más fuerte.
Al fin llegamos a la entrada de la vieja hacienda, se pueden ver sus muros abrazados por las raíces de los árboles, parece que los quisieran proteger del tiempo, algunas raíces forman figuras extrañas, hay mucha agua por todos lados, mi Tío me dice – hay que bajar hijo, la tarde se viene encima – volteo hacía arriba y unos cuantos rayos de solo indican que es aún de día, y bajamos despacio, mi Tío al frente de mi y yo lo sigo, la linterna comienza su función, y bajamos, lo resbaloso hace que varias veces estemos a punto de caer, mi Tío ya se cansa, ya está viejo, pero no entiende y yo lo sigo.
Hay varios pasadizos y tomamos uno al azar, el más amplio, el aire se hace enrarecido y la humedad es tal que nos bañamos en sudor, la cosa se pone fea, se estrecha el pasillo donde vamos y de pronto termina el pasillo y comienza otro…
Tío, ¿ ahora para donde le damos?
Para el frente y sin parar -, me dijo.
Sí Tío, pero aquí ya me atoré, siento que algo me jala.
Son tus nervios, no pasa nada.
Tío, no vaya tan rápido, me estoy quedando.
! Tío! !Tío!
¡ Tío!
Acá estoy, apúrale.
Que le paso a la linterna
Ya no funciona, Tío…
¿ cómo? Si traía pilas nuevas
ya no funciona, ya le pegue y no funciona.
No veo nada,
Camina con la mente...
El miedo me hacía temblar y mi Tío se mantenía sereno, no sé de donde sacaba tantas agallas, se escuchaban ruidos extraños, como sí arrastraran a alguien, después tropezamos con algo seco como ramas de árboles, mi Tío encendió un cerillo y lo que vimos me llenó aún más de terror, aquello que pisamos no eran ramas, eran huesos humanos y un cráneo. Entonces quisimos correr de regreso, pero resbalamos y caímos, continuamos por el estrecho túnel, hasta que a lo lejos vimos un poco de claridad y por fin salimos, lo que pasó después, no quisiera contarlo, sin antes tomar de este tequila ya que el recuerdo me lleva al mismo lugar que desde ese día y cada noche está en mis sueños…
Parado justo al centro del lugar estaba un jinete vestido todo de charro, con su traje de gala, sonreía y nos miraba fijamente, el jinete montaba un caballo, pero ambos caballo y jinetes eran pequeños con relación a lo que debería ser, mi Tío entonces se desplomó, lo quise cargar, pero ya no pude, mi Tío estaba pálido como la cera… mi Tío estaba muerto... y el Jinete seguía inmóvil y sonriendo de tal forma, entonces comenzó a acercarse y deje ahí a mi Tío y corrí como pude, caí y me levante, volví a caer y por fin salí por donde habíamos entrado, ahora me ahogaba el aliento, pero más me ahogaba el sentimiento de haber dejado a mi Tío abandonado, después no supe de mí, hasta que amaneció, desubicado de pronto me di cuenta que estaba en el mismo lugar donde habíamos tomado agua y en el lugar mi Tío había abandonado su morral, lo tomé y me fui, llorando, después a la orilla del camino, me pude sentar a descansar un poco, abrí el morral y dentro se encontraba un viejo papel perfectamente doblado y conservado, lo desdoble y vi que mi Tío llevaba el mapa de la ex hacienda y de lugar donde estaba el tesoro, en el mismo mapa había una anotación clara y precisa del lugar donde no deberíamos ir y donde fuimos, el lugar señalaba con color púrpura y con negro al jinete y su caballo, el mismo que habíamos visto y que terminó con su vida y con la mía."
Así de está forma, quedo para siempre, la leyenda del “Jinete” de La Guadalupe en Parácuaro Mich. hay muchos que quieren ir, pero no van, lo enigmático del lugar y sus ruinas, invitan a conocerlo, pero como es leyenda, continuará intacta, hasta que haya algún valiente más que quiera recorrer sus turbinas, sus túneles, sus pasillos y que tal vez sí tiene suerte encuentre el tesoro y sí tiene más suerte quizás vuelva.
El chivo encantado
En 1917 El temerario Chivo Encantado quemó Parácuaro
Fuente : Pablo Madriz Rojas/Cambio de Michoacán
En el libro Santo de palo, ¡pero milagroso! se menciona que El Chivo Encantado fue uno de los iniciadores de la revolución
Jueves 29 de Septiembre de 2005
Fue en el año de 1917 cuando un individuo de nombre Luis Gutiérrez alias El Chivo Encantado, tras un enfrentamiento con la gente del general Cenobio Moreno, de manera personal, con antorcha en mano, procedió a incendiar casa por casa la población de Parácuaro.
De acuerdo a los datos que hemos obtenido de libros y la revista El Farol, describen al Chivo Encantado como un individuo por el que no se daba ni un cacahuate; era un tipo desaseado, complemente sucio, se dedicaba a matar cerdos, aves, tenía una tiendita sin chiste, casi vacía, continuamente se embriagaba y en ocasiones montaba un caballo flaco.
Este individuo llegó a Parácuaro porque lo trajo un amigo de nombre José Vizcaíno, originario del estado de Jalisco, de quien se dice era una excelente persona, trabajadora, pero con muy mala fortuna.
Se cuenta que en Parácuaro existen algunos hijos del Chivo Encantado, pero nadie se acuerda de él.
En el libro Santo de palo, ¡pero milagroso! se menciona que Luis Gutiérrez, El Chivo Encantado, fue uno de los iniciadores de la revolución en Parácuaro. Vivió y trabajó en la Hacienda de Los Bancos, allá por los años 1913, en ese tiempo, propiedad del muy rico Silviano Hurtado.
Años más tarde, El Chivo Encantado se convertiría en un revolucionario, pero sanguinario, pues lo consideran como un asesino, psicópata, temible de la muerte; gozaba viendo cómo brotaba la sangre de la yugular cuando colgaba a sus prisioneros; se consideraba un individuo terrible, pues disfrutaba violando a cuanta mujer le gustaba o se encontraba sola en los caminos o viviendas. En muchas ocasiones les pedía ayuda a sus secuaces que se las detuvieran y una vez cometida su fechoría, en la mayoría de las veces asesinaba a sus víctimas.
Precisamente por la rivalidad que tenía El Chivo Encantado con Bonifacio y su hermano Cenobio Moreno, fue en el año de 1917 que El Chivo Encantado llegó con sus tropas a Parácuaro, mientras Bonifacio Moreno se encontraba en Uruapan. El Chivo se comunica con Bonifacio diciéndole "no vayas a venir a atacarme, porque te quemo tu pueblo y no dejo piedra sobre piedra".
El Chivo Encantado hizo la finta de que salía para Apatzingán, pero zorro como era, se dio cuenta que la gente de Bonifacio había salido a todo galope para atacarlo. Se regresó y se enfrentó a Bonifacio Moreno que le arrimó una cueriza.
El Chivo Encantado tras ser derrotado regresó a Parácuaro quemando casa por casa, personalmente, con una antorcha, una por una. Ese incendio acabó Parácuaro.
Fui a buscar la Hacienda "La Guadalupe"
(Por: Gonzalo Zamora, colaborador y amigo)
Fui a buscar la ex-hacienda de la Guadalupe en Parácuaro motivado por la curiosidad pues ya había leído antes la leyenda de este lugar y también para tomar algunas fotos del pueblo para mi página de Internet, no conocía sus ruinas a pesar de que nací en Parácuaro, así que tenia varios motivos.
Fui solo esa mañana del 21 de Noviembre 2006.
Llegue a la calle que entronca con la carretera de Parácuaro, a lo lejos se alcanzaba a ver el rancho Juangacuaro de Juan Gabriel.
Estacioné el auto y me dirigí a una de las casitas de la Guadalupe entonces pregunté a una señora joven que estaba peinando a su hija, sobre la ubicación de las ruinas
-¿cuales ruinas? me pregunto,
- busco las ruinas de la ex-hacienda
-Ah, ¿donde asustan? , pues creo que ahí por donde se ve ese árbol medio seco están esas ruinas, pero mejor no vaya porque lo van a asustar.
La verdad me dio un poco de risa ya que en lo personal nunca he creído en esas historias y en los sustos, así que la señora me volvió a decir:
-No se ría oiga es cierto lo que le digo, si va, lo van a asustar, si no ahora luego y más si va a ir a hurgar
Y continuó diciendo
-Una vez vino una señora de Lázaro Cárdenas con otras gentes a buscar dinero y regresaron bien asustados y muy pálidas, después dijeron que la señora murió del susto por lo que ahí vieron o sabrá dios porque seria.
Le comenté a la señora con algo de sarcasmo que solo tomaría algunas fotos, que mi intención no era buscar tesoros, así que no me asustarían y le di las gracias.
-Pues allá usted oiga, yo ya le dije lo que dicen.
Continué por la callecita y más abajo en otra casa volví a preguntar por las ruinas, había un joven, un niño y una muchacha, el niño de inmediato dijo emocionado:
-ese lugar que busca parece un castillo y se ve desde la calle
La muchacha me dijo como si se hubiera puesto de acuerdo con la otra señora:
-oiga, pero dicen que ahí asustan y hace poco se quemo a media noche lo que quedaba de techo, sin que nadie supiera como o porque
Le pregunté que sí tenían a alguien que me acompañara a las ruinas, que le daría un propina
- ahí no va nadie de aquí, vaya usted solo si quiere, no es por dinero ni por grosería de verdad ahí asustan
Y me dieron más datos de cómo llegar al lugar
- siga por esta misma calle por toda la orilla del canal, después verá un puente y del lado derecho están las ruinas.
Me motivo el comentario del niño e ignore lo de los sustos.
Continúe por la callecita y después se juntaba con el canal, vi unos muros viejísimos llenos de musgo y totalmente cubiertos de maleza, pensé que ahí era el lugar, pero no había forma de entrar y recordé lo que me dijo el niño sobre el parecido a un castillo, así que decidí continuar buscando. Poco después encontré una pequeña represa en el canal y supe de inmediato que eran parte de las ruinas, en seguida el puente, levante la vista y emocionado vi dos preciosas torres de tipo medieval, construidas con cantera rosa, se erguían majestuosas a la entrada de la ex-hacienda cual vigilantes silenciosos y guardianes de un pasado glorioso así como de todos los misterios que se encierran dentro.
Me quede viendo un rato antes de entrar el detalle de la fachada, observe con tristeza algunas partes dañadas de las torres por el descuido y abandono, en el arco superior se observaba grabado en la cantera "1920". No esperé más y comencé a tomar fotos.
Entré a la ex-hacienda emocionado y volteando hacia todos lados, me faltaban ojos para admirar ese pasado, un enorme patio central donde secaban el arroz y al frente una construcción sin techo donde seguramente almacenaban el grano, del lado derecho una casona alta y con huecos de ventanas, los altos muros totalmente cubiertos de árboles y maleza que hacían impenetrable su acceso, así que continúe con las fotos y a ratos solo me quedaba parado tratando de escuchar algo o escudriñando entre las ruinas, pero nada, solo silencio, bueno, hasta ahora no he visto nada anormal, cuáles sustos, pensé.
Continué por un buen rato con la sesión de fotos y me dirigí a la casona para ver si por algún lado podía entrar, descubrí entre unos árboles y arbustos espinosos una vieja y hermosa maquina, se alcanzaban a ver los engranes, rodillos, una tolva y un tambor con varios picos al fondo de la tolva, solo eso podía observar desde donde me encontraba ya que el zarzal de espinas y arbustos me impedían acercarme más. Quise tomar unas fotos de la maquina así que decidí quitar las espinas con los pies, al mover las hierbas de pronto revolotearon asustadas dos lechuzas, una blanca y una negra, el aleteo de sus enormes alas interrumpió el silencio y me sobresalte un poco, entonces recordé lo que me dijo la primer señora sobre los sustos y dije en voz baja: ya pues, ya pues quien seas, solo quiero tomarte una foto, no te voy a molestar.
Después comprendí rápidamente lo que había dicho y que lo dije al aire, sentí que se me erizaba la piel y un escalofrío que nunca había sentido recorría mi espalda a la vez que trataba de enfocar la maquina lo más que se podía entre los arbustos y disparé la cámara. Vaya, ya me asustaron, pensé, si esto es asustar, me reí nervioso y busque otro lugar para continuar con mis fotos.
Así continúe por otro rato, encontré la que creo es la entrada a las turbinas donde dicen que nadie se atreve a bajar y por supuesto que yo tampoco lo hice, además que tampoco me podía acercar, solo alcanzaba a ver el acceso y el comienzo de lo que pensé son las escaleras, por una rendija pude disparar la cámara. Cerca de donde me encontraba había ruinas de lo que debió ser un acueducto.
Sin mas contratiempos finalicé la sesión de fotos y regrese a Parácuaro. Por la tarde mi primo Felipe estaba revisando todas las fotos en la pantallita de la cámara pues buscaba las que tomé de la escuela preparatoria donde el estudia. Se detiene y observa con atención una de las fotos y me comenta:
- en esta foto se ven unas caras ¿donde la tomaste primo?
- en La Guadalupe le dije,
¿fuiste a la Guadalupe hijo? Preguntó mi tío Nacho
-si tío me dijeron que asustan, que no fuera y nadie me quiso acompañar, entonces fui solo.
- Mira, se ven mas caras primo, si pones atención entre las hojas se ven rostros de colgados.
Tomé la cámara y comencé a revisar y efectivamente la foto de la maquina daba efectos ópticos de rostros humanos y fantasmales, la maquina no se podía observar entre los arbustos, ya en la computadora y aumentando la foto se veía mas detalle y a la vez mas rostros.
– hijo, pues ahí asustan, no te andes metiendo solo a esos lugares, ojala no te pase nada.
Amenazó mi tío. Vaya dije, pues para mi son efectos ópticos, aunque pensé: se me hace raro que la maquina no se vea.
Gonzalo Zamora S.

Foto con rostros fantasmales en “La Guadalupe de Parácuaro “, tomada por Gonzalo Zamora S. El 21 de Nov. 2006

Entrada a ex-hacienda La Guadalupe. Foto tomada por Gonzalo Zamora S. 21 Nov. 2006
(Fuente: Daniel Márquez Melgoza)
Amarillea de espigas el horizonte. El sol en lo alto parece festejar la maduración del arrozal. Lo único fresco de aquella mañana es el cinturón de árboles: pinzanes, parotas, zalates, cirianes y corongucas, cuyo verdor penetra por los ojos y refresca el cuerpo, o al menos da esa sensación.
Con la rozadera al hombro, Ramón Cienfuegos se planta firme ante una orilla del arrozal, bajo la sombra de un zalate; mientras mira al infinito por encima de las espigas inclinadas por el peso de los granos, se baja las mangas de la camisa, que acostumbra normalmente llevar dobladas a la mitad del antebrazo, y se abrocha los botones para resguardarse de los terribles ajuates. Se escupe las palmas de las manos y se las frota con el gesto típico en él de morderse el labio inferior, y enseguida recoge de su hombro la rozadera y se dobla por la cintura para comenzar el corte. Con su mano izquierda va buscando los tallos más próximos y hace un manojo, sobre el cual se aprietan los dedos; la rozadera, que empuña con la mano derecha, hace un corte de abajo hacia arriba en un solo movimiento rápido que deja en el aire un rumor húmedo, pues la parte baja de los tallos se conserva verde aún; con los tallos cortados, los dedos de la mano se abren y buscan otros y se vuelven a apretar para hacer fuerza y oponerse al movimiento de la rozadera que vuelve a empujar hacia arriba. La operación se repite tantas veces hasta que no cabe un tallo más en el puño de la mano; entonces Ramón Cienfuegos recuesta el manojo sobre la hierba y sobre éste coloca otros para formar una gavilla; la medida o tamaño de ésta lo da la distancia del cortador, pues cuando queda ya lejos del brazo se hace otra gavilla.
Ramón avanza a un ritmo endemoniado, abriendo en el arrozal una avenida a todo lo ancho de sus brazos extendidos. Ningún cortador resiste su ritmo, que no para hasta salir a la otra orilla, donde lo espera la refrescante sombra de un árbol, en la que reposa sólo unos breves instantes, porque luego mide otra brazada y la deja libre y en la siguiente vuelve a inclinarse a cortar con el ímpetu inicial. Sólo un poseído puede tener el aguante que tiene Ramón Cienfuegos. Hay quienes dicen que tiene pacto con el diablo y hay otros que sostienen que su aguante no tiene nada de diabólico, pues su estatura chaparra se presta para no cansarse más de la cuenta por no tener que encorvarse demasiado sobre las plantas de arroz. Lo cierto es que Cienfuegos es el campeón del corte de arroz, quien se da tiempo durante la temporada para contratarse en diversas parcelas y recoger una buena cantidad de dinero que nadie más es capaz de ganar.
Pasada la temporada del corte de arroz, Ramón entra en descanso; se inician sus legendarias borracheras en las que en pocos días derrocha la extraordinaria condición física que ya tenía y que redobló en el corte de arroz. El dinero no lo dilapida en igual cantidad; se diría que lo administra, pues es dado a beber solo, a no sentirse obligado a invitar a otros a beber. Nada más cuando va con las muchachas de la calle de Matamoros se hace acompañar por alguna de ellas; cada año siempre hay una nueva en el oficio y la hace su preferida. En sus borracheras es tranquilo, platicador y nada pendenciero; aunque le gusta más platicar consigo mismo que con los demás; en sus recorridos por las calles del pueblo siempre lleva una conversación en los labios, las más de las veces incomprensible para quienes lo ven pasar. Para muchos es la confirmación de que tiene pacto con el diablo, pues suponen que es con él con quien habla y discute en un lenguaje indescifrable.
Tras un mes de borracheras Ramón Cienfuegos desaparece. Dicen que se traslada a otras regiones del estado y del país donde haya arrozales maduros que cortar. Reaparece en el pueblo una o dos semanas antes de la nueva temporada del corte de arroz. Viene entero, como si hubiera rejuvenecido algunos años. "Les digo y no me quieren creer, tiene pacto con el diablo", insisten los de siempre. Pronto se apalabra con los ejidatarios y pequeños propietarios que ese año sembraron arroz.
A la vuelta de los años ya son pocos los que quieren contratar los servicios de Ramón Cienfuegos, no porque haya perdido eficiencia, sino porque se ha divulgado que su estilo de cortar propicia una pérdida importante de grano; dicen que en su enloquecido ritmo de trabajo, su muñeca después de cada corte hace un rápido giro que sacude y desgrana las espigas; que por eso tras él van siempre las urracas y los tordos recogiendo los granos. Otros tienen una explicación distinta para la presencia de esos pajarracos negros: "es por su pacto con el diablo; y esos pájaros negros no son pájaros sino diablos que le ayudan para no dejar indicios de que sacude las espigas y desperdicia el arroz".
Uno de los pocos que todavía se atreven a contratar a Ramón Cienfuegos, es Hilarión González. El dice que el secreto está en iniciar el corte en el tiempo preciso; de esa manera no hay pérdida de grano, por más sacudidas que se le den a las espigasEn lugar de contratar media docena de cortadores, con Ramón basta, aparte de él y su pequeño hijo Ramiro, a . quien su padre ha iniciado en esa tarea, la cual cumple torpemente y a regañadientes. No adelanta mucho que digamos, pues Ramiro se ha impuesto una doble función: hacer como que trabaja y, sobre todo, estar atento a descubrir si hay pájaros negros detrde Ramón Cienfuegos o algún otro indicio de sus tratos con el espíritu del mal.
(Fuente: Daniel Márquez Melgoza)
La vieja brecha que comunica a la población de Parácuaro con el poblado La Estancia, era una carretera de terraceria que pasaba por el cerro de Las Vueltas, Orapondiro, Jicalán y Jucutaco hasta llegar a la ciudad de Uruapan, en los años treintas , fue algo impresionante por la cantidad de tierras del lomerío pedregoso que fueron regadas y en donde crecieron huertas pintorescas como la de Tahuejo, es donde vivio Morelos durante 14 años de su vida.
La brecha seguia el antiguo camino de herradura, nada más había sido acondicionada para que por él corrieran carros, las llamadas "trocas" que establecieron la comunicación rodante en los principios de los nuevos tiempos, en los que creo, no nos ha ido muy bien que digamos.
El largo camino que los viajeros recorriamos en los carros del correo que eran trocas con asientos de madera, era penoso, la salida de Apatzingan a Uruapan consistia en caminar todo el día por la brecha, polvo y entre pozos y pedregales, pero el viaje tenía mucho de romántico, especialmente el tramo citado, en donde la vista se recreaba, se salía de Paracuaro por las calles angostas de partes empedradas para pasar por los potreros de Cabeza de Vaca en donde olía a guayaba, y el gritar de los pericos lastimaba los oidos, la subida a la hacienda de los Bancos, por estrechos callejones, todavía en los principios de los años treintas olia a cachaza de molienda de la caña de azucar, los humos de chacuaco que movia la maquinaria de azucar y de alcohol, se esparcia con rumbo a la gran planicie de los llanos de Antúnez, mientras que abajo por los callejones los bueyes conducían las carretas cargadas de caña, blanca o morada para arrancarle el dulce néctar.
En la hacienda, cientos de trabajadores u obreros técnicos, laboraban en medio de un clima templado, para obtener pagas jugosas que el fin de semana dilapidaban en la Quince Letras, zona roja de Uruapan, en donde se divertían pagando bienes y caricias, para luego regresar a la brega y seguir produciendo para los amos y el pais.
La subida al poblado de La estancia era penosa para los trocas, la cuesta era empinada y pedregosa, la loma era larga y en lo alto se encontraba el caserio perdido entre el monte de ciruelos silvestres cuya cosecha significaba dinero facil para los habitantes de esa zona; más arriba, el rancho Ordeñitas, famoso por la producción de adoberas de gran calidad y de sabor inigualables, lugar en donde tambien se producen grandes cantidades de jitomate y otras verduras; al seguir subiendo se llegaba al cerro de Las Vueltas, historico porque en tiempos de la Revolución, el General Amaro atacó, en este lugar, a la columna Huertista y la despojo de gran cantidad de materiales de guerra. Para salir de este cerro de encrucijadas cerradas se sufría, los choferes solían descansar un rato en el comedor del Tepehuaje, para después entrar a la sierra y llegar a su destino, a la Ciudad mas bella de Michoacán, Uruapan del Progreso.
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